Para leer una y otra vez

Para leer una y otra vez

Acabo de leer está entrevista a un grande de la pista y el rally, y quise publicarla en CRM porque de verdad vale la pena leerla y deleitarse con esta historia de una persona que las vivió todas, y que aún hoy sigue trabajando con el corazón en nuestro automovilismo rutero.
Está entrevista la público Horacio Casanova Tabeira en un grupo de WhatsApp llamado “Los cajones cerrados del Automovilismo Uruguayo” y dice textual:

Entrevista a Luis ETCHEGOYEN, me llegó de parte de Pedro Parada, y a él se lo envió Fernando Ardao. Muchas graciasss!!!

¿Cómo comenzaste en el automovilismo?
Yo tenía unos primos mayores que yo, los “Uria”, ya fallecidos. Esa gente fue el grupo que fue el principio de A.U.V.O. Vivían en la casa de mis abuelos, una casa grande. Todos se reunían ahí: el “Bocha” Gonzáles, Castaingdebat, Danvila… los que corrían en esa época. Había una baja cilindrada.

Yo estaba ahí –que tenía 10 años– y ellos tenían 20-22 años, que estaban corriendo. Te podés imaginar que ¡yo tenía que correr en auto o correr en auto! No había otra opción. Y ahí vino el amor con lo que es el automovilismo, la comunión con el automovilismo. Seguí siempre en eso, me gustó. Andaba con los autos de ellos, iba a las carreras. Me llevaban a todos lados a ver carreras.

Tengo vivencias muy especiales de esa época, de esa niñez. Cuando tenía 10 u 11 años –no recuerdo bien– se corría una carrera en Piriápolis con los “Fuerza Libre”, que eran una especie de fórmula con motores Corvette, motores inventados. Y me llevaron a Piriápolis. Imaginate que en esa época no existía la Interbalnearia. Fuimos hasta allá a probar autos y dos días antes de la carrera se le rompe un auto y nos vinimos en una Chevrolet ’51 que era de los Uria para Montevideo. Venía uno de mis primos a la cocheria del “Bocha” Gonzáles que tenía repuestos y yo venía sentado en el medio y había un “gordito” que era el que manejaba. Venían charlando y yo con el gordito que corría también. Pasó el tiempo y el “gordito” era Froilán Gonzáles. Son cosas, detalles que después quedás prendido al automovilismo.

Después allá por el año ’63 yo tenía un Alfa, una Giulia. Recién habían salido y “Silvera y Costa” que tenían Alfa Romeo en 8 de Octubre y Abreu, les llevaba el Alfa y un día me dijeron: “¿querés correr?” Yo contesté “¡Sí, quiero! Estoy muerto por correr en algo”. Ellos continuaron “¿qué pasa si vamos a correr el Gran Premio Argentino?” y yo“¡y vamos a correr el gran premio argentino!”. Siguieron “vos tenés que poner el auto y nosotros ponemos toda la mecánica.”

Y ahí armaron una Giulia “Facetti”, que era una escopeta. Yo la usaba mas o menos en un 50-60%. Me sentía el mejor del mundo.

Ahí empezamos con los grandes premios argentinos. Etapas que largabas del Automóvil Club y terminabas en el cucú de Carlos Paz. Eran etapas de 1400 km, todos de balastro. Ahí empezamos etapas que se corrían en San Luis, San Juan, La Rioja. Eso era una etapita sola. Hoy si pensás que tenés que recorrerlo con tu familia, te cansás. En ese tiempo era otra cosa.

En esos años yo corría con Alfa y apareció Luis Romanzo con una coupé BMW 2000CS. Esa carrera se largaba de Pilar, y yo lo ví a Fangio pedirle permiso al gordo Romanzo para sentarse adentro del auto. O sea, para Fangio, ese auto era algo especial.

Me acuerdo que en San Juan, se le había roto el taco de la caja de cambios, entonces le ataron un alambre de la cola de la caja de cambios a la jaula. En ese alambre ¡iba atado el motor! El “Gordo” Calvento –que era el copiloto– llevaba alambre, y cuando se rompía, lo ataba de vuelta. Era como que hoy te traigas para correr un auto que tiene Loeb para pasear. Fijate que para que Fangio dijera “con permiso, ¿puedo verlo?”, no era un auto de esos que mi señora tiene otro. ¡Era una cosa de novela!

Y bueno ahí empezó todo con Alfa Romeo. Estuve unos cuantos años corriendo con Alfa, “me dejaron ganar algunas carreras” y un día tuve un problema con Alfa por unas 6 horas. Una carrera donde nos hacían el auxilio a nosotros y le hacían el auxilio a Alfredo Hailey y Riso, que eran unos paraguayos.

Yo corría con Silvera y fuimos a echar combustible. Hailey y Risso nos venían ganando. Paramos a echar combustible, ellos paran también. Ellos no te iban ganando por 100 metros, te ganaban por una vuelta o dos y cuando ellos paran, en vez de llenarle el tanque les pusieron medio tanque. Y bueno, en esos autos cuando te quedaba nafta para 10 vueltas, se te prendía una lucecita y pará porque te quedabas a vivir.

Al paraguayo se le prendió, paró y le volvieron a echar nafta. Después nos enteramos que nos habían hecho ganar la categoría porque habían hecho parar a los paraguayos. En la entrega de premios yo dije que no quería la copa, que era una copa mal habida y se la regalé a Juan que era el cantinero de A.U.V.O., el padre de “Rayito”, la señora que todavía trabaja ahí. Esa fue la ultima carrera que corrí con Alfa.

Había decidido no correr más y me llama el “Gallego” Arijón, a ver si no tenía interés en correr con BMW, porque Ford traía un auto importante y a ver si con un BMW le podíamos ganar. Y bueno, ahí arranca mi historia con BMW. Con un tipo fuera de serie como es Arijón. No creo que vaya a haber otro en el mundo que arranque de tornero y terminen los alemanes diciendo: “¿vos podés armar autos en Uruguay?” y en ninguna otra parte del mundo se arman BMW. Y el “Gallego” los armaba acá. “Gallego” ¿lo conocen bien, no? Una brutalidad total. Si yo hubiese sido Presidente de la República, lo hubiera llevado de Ministro de Industria. Seguramente iba a andar bien.

¿Cuando comenzaste a correr con BMW?
En el “19 Capitales” del ’73, que fue cuando Ford trajo para Federico West el Escort. Que comparando era hoy lo que puede ser el auto de Sebastián Loeb: era el mejor auto del mundo de rally por lejos. Y Arijón se la jugó a ver si se la podíamos ganar. Mi copiloto el “Pelado” Montequin –que todavía anda vivo y coleando por ahí– siempre decía que iba a ser fácil, y yo le decía “si llueve le vamos a ganar seguramente”.

En esa época los “19 Capitales” eran caminos, eran barriales. Y Federico y Assadourian –amigos míos hasta el día de hoy– estaban en Montevideo y hacían sus primeras armas ahí. Y yo el día que andaba de mocasines era un milagro, porque siempre andaba de botas de goma, así que la tenía más que clara. Me movía a un nivel distinto al de ellos, en esa época en rally entre los diez primeros 8 o 9 eran del interior. Nosotros tuvimos la suerte de lograr triunfos en rally y en pista. Había una diferencia con aquella generación y la generación actual: eran las mismas caras que el 15 corríamos “el Rally de” y el 22 corríamos “la fecha de A.U.V.O. de” y el 27 corríamos “la fecha de Turismo Frontera” y el 8 corríamos “el Rally de”. Éramos 10 que corríamos todo y después se complementaban con 20 más en rally y 20 más en pista. Hoy en día hablas de “los de rally”, y “los de pista”. Es una cosa totalmente distinta –sacando a Fresnedo que puede defenderse en una cosa y la otra– el resto son, “o soy de rally” o “soy de pista”. Ahora es mas fácil que un piloto de rally pueda entreverarse en la pista, que un piloto de pista se entrevere en el rally. Hay excepciones como el “Pingüino” Martínez que era bueno en pista y un día arranco para el rally y era bueno en rally.

Bueno, con BMW teníamos la suerte de tener autos para una cosa y para la otra. Habían 4 o 5 mecánicos: Sandoval, el “Porteño” Julio González, Rubén Canedo. Esos eran tipos que venías con el auto de rally y lo dejabas en la calle Cuareim el Domingo, el Lunes después de la técnica y el Viernes te ibas con el auto pronto chatito para correr en Rivera.

La primer carrera que no se corrió contra ideales, fue en 1973. Antes te decían, “vos tenés que ir de Pocitos al Centro en 10 minutos”. Si ponías 4 o 9, 0 puntos en contra. Pero la primer carrera de verdad fue en el año ’73: el que ponía el mejor tiempo, era el mejor.

Después los enlaces los hacían con promedio impuesto, para que no se armara relajo, pero penalizaba 1 cada 58 segundos, así te obligaban a mantener el orden, así no pasabas por los enlaces o por los pueblos a fondo.

A su vez esto era bastante jodido, porque el BMW Schnitzer que teníamos para hacer 83 km de media, tenías que ir en tercera, porque metías cuarta y el auto se apagaba. Tenía un motor que tiraba entre 6500 rpm y 8000 rpm. “Pateaba” ahí arriba y debajo de eso, se apagaba. Venías en tercera como de acá a la Ciudad Vieja, con el ruido y entre las motos. Bueno ahí arranca mi historia con BMW.

¿Pista o rally? ¿Qué te gusta más?
Las dos cosas. Ya te digo, teníamos la suerte de poder hacer las dos cosas. Cuando a mi edad te ponés a hablar de pista o rally, y sacás conclusiones, sacás consecuencias, definís algo. De 100 personas que puedan leer esto, 10 te dicen que es la verdad y los otros 90 que hacen la plancha en el automovilismo, te van a decir: “¿y este quién se cree? ¿Obdulio Varela?” La pista y el rally no las podés comparar. Es como que yo te diga, ”¿qué te gusta mas? ¿la natación o la sopa?” ¡Depende! Si estás con frío tomás una sopa. Si es verano, nadás. O sea, la pista y el rally ¡no las podés comparar! El rally es algo totalmente distinto. Es algo donde la cibernética no puede ser tan importante como en la pista. Porque vas al Pinar y es: “¿cómo hago el auto?”, “¿en qué circuito?”, “¿cuánto aire?”, tenés el cartel de frenaje, ¡tenés todo!

En el rally es: “¿cuánto aire?/Vemo allá…”, “¿más alto? ¿más bajo?/Vemo allá.” Y vas a improvisar. Ponele, largaste “está lindo ¿eh?”, corriste una etapa en seco el Sábado y en la noche llovió y te cayeron 80 o 90 milímetros y al otro día no podés estar parado al lado del auto porque te caés y decís “¿qué hago ahora?”. ¡Rezo! ¿qué mier… voy a hacer?

Tenés que improvisar. Es todo totalmente distinto. No es como en la pista que va a llover y bueno, “tal goma”. En el rally no tenés un sólo tipo de goma. Y ponés esa goma para lo seco, para el barro, para todo. No estamos hablando de nivel de un rally mundial donde ven que compuestos van a poner según el rulo. Acá estamos hablando que un tipo va a correr rally y trae tal goma y va a correr con esa cubierta, ¡y no hay mas remedio y se la juega!

Yo tuve una definición de Cadenas que corrió algún rally, entonces él hizo una definición brutal: “la diferencia entre el rally y la pista –en mi caso yo soy un tipo que me distraigo– una distracción en la pista, me cuesta 2 segundos. Una distracción en el rally, me cuesta una carrocería.” Es la definición exacta. Una distracción en la pista, te cuesta 2 segundos. Frenaste corto, largo, te fuiste. En el rally frenaste corto “mono al suelo”, ¡se acabó! No tenés el cartel de los 50 metros. Llovió, pasaron 4 autos adelante tuyo y cuando habías pasado recorriendo la ruta el “badencito de agua”, ahora es un badén de 50 metros. Entonces entraste mal, se te puso de costado ¡y saliste marcha atrás! Es otra cosa, es totalmente distinto. Nunca en mi vida fui un buen piloto. O sea, yo fui un camionero. Me hacía al auto porque nunca pude hacerme el auto a mí. Vos alineás un auto para pista y lo dejás con tanto de comba y tanto de convergencia, y en rally alineaste el auto y largaste, volaste, caíste de costado, picó, se te torció el amortiguador ¡y manéjalo como Dios te ayude!

Vos en la pista con dos mecánicos buenos te defendés. En los rally de esa época –que no había parque de asistencia– primero había una carrera de auxilios, iban cuatro en camionetas y era así: “vos me esperás a la salida del Pan de Azúcar”, “vos flaco, me tenés que esperar en Pueblo Edén”, “vos espérame en Mariscala” y “vos me vas a esperar en José Pedro Varela.” Pero cuando yo pasaba por Pan de Azúcar, les decía: “vos te tenés que ir a Isla Patrulla y vos espérame en bañados de medina”, ¡entonces me hacías el auxilio a fondo para llegar allá, porque iba corriendo ¡entonces eran indios! Llevabas un tipo que se tirara abajo del auto y te soldara la vaina de un diferencial ¡mientras le caían las chispas arriba de la cara! ¡Eran tigres!

Corríamos una carrera de pista en Rivera, las “3 Horas de Frontera” y había un Renner que tenía unos frigoríficos y había timba –timba gruesa– y habíamos quedado que corriera la primera hora Diego, después la segunda yo. Sale Diego adelante. En Rivera había un curva hacia la izquierda y otra para abajo, entonces la onda era que cuando llegabas allá, te iban a tocar seguramente. Entonces le digo a Julio “parate allá Julio” (Julio grandote y joven con una pinta de baboso que acalambraba). Fui, me arrimé a Renner y le dije: “bo, no nos vayas a tocar el auto, porque si tocás el auto la cag… Es enorme ¿ves el pinta ese que esta ahí (Julio)? Ese se jugó la comida de él y de los hijos para los próximos 2 meses. Si nos ganás bien no se va a calentar, pero si nos tirás para abajo, mirá lo que es…” Era otro automovilismo.

Yo fui con los BMW al Chaco y los auxilios que llevé al Chaco, las historias, ¡dan para hacer un libro! Me llevé 3 camioneros de Flores y los mecánicos de BMW, ¡pero había que ir al Chaco adentro! Fuimos con el “Gallego” Generoso en dos BMW. Hicieron reuniones de pilotos y después hicieron reuniones de “apoio”, como decían ellos. En un teatro –yo termo y mate, no me olvido más– había un director que te hacía preguntas a cada equipo en tono como metiéndote el peso. Cuando llega al equipo BMW Uruguay, estaba Sandoval, el “Porteño” y los tres camioneros. Uno de ellos, Raúl Nakarato que había sido boxeador, sentado parecía un buda. Estaba sentado en la primera fila. Yo allá en el fondo con un amigo tomando mate con el “Pato” Abreu, un amigo de Paraguay. Cuando le tocó al equipo BMW, dije: “hay que cag… van a hacer estos.” Entonces empieza el director: “¿tienen previsto auxilio BMW Uruguay? ¿llevan el botiquín?” El flaco Vignoli contestaba –que era el más prolijo, o Sandoval o el “Porteño”. “¿Llevan suero antiofídico?” “Sí señor, llevamos” contestamos. “¿Llevan agua suficiente para cada vehículo 80 litros?” y nosotros “sí, señor”. “¿Llevan armas?” Y ahí estaban todos los auxilios de 400 autos que iban al Chaco… o sea, habían 300 o 400 personas ahí seguro (o más), pregunta de vuelta el director:“¿llevan armas?” “No, señor”, dice Sandoval. “Díganme una cosa, ¿y si se les aparece un tigre en el Chaco? ¿qué hacen?” Silencio total y Raul Nakarato dice; “¡me lo co…!” Aparte de eso con la mano en el corazón, si le aparece un tigre, ¡se lo co… nomás!

Esos eran los auxilios, ¡eran leones! Entonces cuando me decís ¿qué preferís mas? ¿rally o pista? Yo digo el rally, porque aquello era un grupo de amigos a la aventura. Yo no fui bueno, fui normal. Lo que sí tuve toda la vida, tanto en Alfa, BMW, Ford, Volskwagen. El mejor equipo. A mí me levantan el centro y yo ¡tac!, lo metía con el golero caído. Pero los centros me los levantaban los monstruos estos, que andaban en la vuelta, y un “Gallego” Arijón, que todo el mundo respetaba y hacía obedecer. Lo escuchabas y decías: “este loco me va a romper la cabeza”. Y cuando aparecía decías “este no le puede pegar a nadie.” ¡Pero metía unos huevos! Eso era lo que hacía de BMW algo importante. Y un auto que daba para todo: rally o pista. Aclaremos, que el mejor BMW 2002 que hubo en Uruguay y creo que no va a ver otro, era ese que yo corría, el “Patón”. El “Patón” murió en Perú, andá a saber donde estará.

Ese “19 Capitales” que le ganamos a Ford, de Punta del Este hasta Montevideo en un enlace, atrás de nosotros vendrían cincuenta, ¡cien BMW 2002! Era una locura distinta con eso.

Una vez iba a clasificar a San José y el “Gallego” Generoso Torres con el “Pelado” Suárez, hacen un árbol de levas maravilloso, lo pisa adentro de la pista y rompe todo. El ingeniero Márquez y la señora embarazada, le agarraron el auto, se lo pusieron marcha atrás en la Texaco de San José, y seguro cuatro locos de estos, en 10 minutos tenían el motor afuera. Generoso se fue con el auto y quedó la señora adentro del auto ¡sin el motor! ¡Y a conseguir un auto para llevar a la señora!

Era otra gente. Yo tenía 3 motores. Vamos a correr una carrera de Turismo Frontera y tenía un motor que era bueno y otro que era bueno pero no tanto. Va Osvaldo Silvariño, está clasificando y rompe el motor. Le digo”Osvaldo yo tengo el otro motor ahí”. Bueno, puso el motor, corrió la carrera y el Lunes me trajo el motor que me había usado y otro motor nuevo en la caja. “Pará, Osvaldo. Lo usaste y no se rompió” le digo. “Sí, ¡pero le dí una paliza!” me contesta. “Vamo a hacer una cosa: ese motor es tuyo y mío. El que lo rompe, lo usa”. Era otra época.

BMW tenía una hinchada que no se podía creer. La gente que iba era impresionante. Ibamos a las carreras de frontera y llevábamos banderas de BMW y nos sacábamos fotos. Era una hinchada como la de Ford o la de Chevrolet en Argentina. Hoy ya no existe eso.

Bueno, me fuí un poco por las ramas con la pregunta, pero la diferencia de rally y pista, una es una aventura divina para hacerla con un grupo, y lo otro, donde la técnica en el automovilismo de pista la relación hombre-auto es un 80%, en el rallye van a medias.

En pista vos ves una carrera y decís “hoy gana fulano que tiene un cañón”. En el rally no existe el “cañón”. Podés tener 20 o 30 caballos menos, pero que el “Barba” te de una manito a embocarle a todos los vuelos, los saltos, a ponerlo de costado donde tenés que meterlo de costado, y que no rompas una goma –porque podés tener el cañon pero “fue”– esa es la diferencia que hay entre un rally y la pista.

Y en pista yo tuve la gran suerte de que las carreras que se corrían en Binomio, las corrí con el mejor piloto que hubo en el Uruguay de pista de tracción trasera. Un tipo muy especial, Diego Fernández. En la relación peso-potencia, si a Diego le dabas un auto que pesara 500 kilos con 50 caballos, era una teta. Pero le dabas un auto que pesara 2000 mil kilos pero que tuviera 200 caballos, y era un monstruo. Era temible. Era el mejor. Y bueno, carreras de pista que gané, fue porque tuve la suerte de tener a Diego de compañero.

¿Qué preparación tenía el 2002 para ganar el “19 Capitales”?
El 2002 del “19 Capitales” fue la elección mía del motor que quisiera. El “Gallego” tenía en el sótano de Camur –cuando estaba en la calle Cuareim– 3 motores nuevos, un motor a inyección –que no servía para rally, pero lo corrimos en turismo de frontera– un motor Schnitzer que tenía 220 caballos y un motor Alpina que tenía 180.

Esta figura con inconciencia total, con turres, total, “más caballos, mejor motor.” “¿Cuánto? ¿220?, ¡ese para correr!” “Bueno bagual, ponte el Alpina y vete a entrenar”. Anduvimos por todos lados probándolo, fines de semana, etc. El motor Alpina tenía 180 caballos a 6.000 vueltas, pero a 2.000 vueltas tenía 140 caballos. El motor Schnitzer tenía 220 caballos, pero a 2.000 vueltas se apagaba. Tendríamos que haber elegido el motor Alpina. El Schnitzer no era el ideal para rally, pero le agarré la mano igual.

Los motores eran hechos en Alemania, pero lo que lograron acá en la calle Cuareim –Sandoval, el “Porteño”, el “Sopa”, Julio– lograron que esa carrocería aceptara ese motor, porque para que esa carrocería aceptara ese motor, tenés que embocarle: con los amortiguadores, con la altura, con la alineación. Y que el auto se pudiera manejar. De eso yo, ni idea. “Ta pronto y subite”, y el auto era perfecto, sin que ninguno de ellos hubiera sido tester de nada o hubieran corrido en algo. Nunca corrieron. Ahora, te voy a aclarar que ese auto en ese rally, llovió en la primer etapa y lo alcanzamos a Federico en un lugar de asfalto. Y ahí empezamos a largar adelante con este auto. Yo creo que fue el único auto que en mi vida no pude andar a fondo. ¡Era espeluznante lo que andaba ese joyete! ¡mirá que yo me tenía fe para andar en cualquier cosa!

Después si me decís los Escort, hacía lo que quería. Los VW, hice lo que quise. Pero con ese joyete, él hizo lo que quiso conmigo. Quisiera haberlo visto en las manos de Zasada o los tipos de ese momento. ¡Quizás nos sacaban un segundo o dos por kilómetro!

Nosotros no teníamos muleto. Yo recorrí la ruta en un “Indio 1100”. Ese era el muleto que teníamos. Arijón en ese momento no daba más autos, y lo que hizo a un precio muy barato, fue venderme el auto. El auto era un auto trucho. Fijate que la libreta decía “Tilux” –que era la libreta del famoso “Galgo”, un auto recortado y soldado que pretendía ser un auto de carreras– y después usábamos como muleto un BMW que tenía el “Oso” Ramos. Después la carrocería no pesaba nada. Tenía fibra de vidrio por todos lados. Era la cáscara de un BMW con dos butaquitas: la auxiliar (una jaula que era un arco por atrás) y los cinturones.

¿Quién era tu mayor rival en los tiempos del 2002?
Federico West. Pero porque era un tema de marcas. Pero la carrera mas importante fue esa. Nunca fue un triunfo como ese. Ford trajo ese auto para matar, matar, matar, y yo los jodía –te podés imaginar– a Federico y todos los de Ford. Los tenía como locos: “lo trajeron de Inglaterra ¡y 5 monos en la calle Cuareim, le hicieron un auto y les dieron un lavaje!”

Veníamos adelante con el BMW, y en Isla Patrulla, a Federico se le salta una correa del motor. Termina, el PC para –y Federico de mecánica no entiende nada– y viene el “Gallego” Arijón y le pone la correa, se lo arma otra vez y sigue andando. Él largaba atrás nuestro. Por ahí me entero que el “Gallego” le había puesto la correa –te podés imaginar que lo quería matar– le dije de todo. “Al otro se le rompe el auto y vos se lo arreglás hijo de… “Bagual, si se rompe el Escort no les ganamos. Que vengan vivos”. Pero que quede claro que yo no se la gané a Federico. El mejor equipo se la ganó con un auto hecho en casa. Se la ganó a un equipo segundón con un auto hecho en Inglaterra. Esa fue la verdad. En ese equipo me levantaban los centros, yo cabeceaba y salía en los diarios, pero esos tigres que todavía están vivos ¡esos eran algo brutal!

¿Cómo hicieron para ganarle al Escort RS de West en el “19 Capitales”?
El equipo le ganó al Escort de Federico West, un equipo que era algo brutal. Lo más importante que hicieron, fue traer motores de Alemania y lograron que ese motor lo aceptara esa carrocería y que esa potencia la transmitiera al piso. Yo de mecánica nada. De todo se encargaban ellos. Yo tenía plena confianza en lo que hacían. Me tiraban los centros con el golero caído.

¿Cómo se preparaba con los copilotos? Corriste y ganaste con varios.

En BMW fueron el “Pelado” Montequin, Natalio Orvech y Oscar Ramos. Te voy a aclarar que yo tengo un concepto del copiloto: siempre mis copilotos fueron buenos, excelentes. Hay una cosa que es importantísima: de un amigo podés hacer un copiloto, pero de un copiloto difícil que hagas un amigo. Yo siempre elegí a un amigo que tuviera el mismo interés que yo, que ese aparato fuera por arriba de la carretera. “Es como un matrimonio”. Es muy difícil, porque un copiloto viene con las mañas de otro, y viene pensando que este año corre con vos y que le van a dar 1500 dólares, y que el año que viene corre con otro, etc.

Otro punto importante, yo si a estos cabezones les traía un tipo que no les gustara, el copiloto era uno más para la familia, uno mas para el equipo. Si traía a un tipo de estos cualquiera, le ponían para empezar, una tachuela en el asiento para ver como se sentaba, ellos se ponían la camiseta y “si hay que matar, matamos”. Pero ya te digo, amigo lo podrás hacer copiloto, pero no pretendas hacer de un copiloto, un amigo.

¿Cual fue el rally o tramo más difícil que corriste en el “19 Capitales”?
Para mí fue ese, el del barro lloviendo en Tarariras. Que fue cuando nos pusimos atrás del Escort y lo alcanzamos. Cuando lo alcanzás, es como llevar la zanahoria ahí adelante: ya te das cuenta que lo podés trillar, pero lo hacés en forma inconciente, no por difícil sino por lindo… y por la suerte que tuvimos de embocarle a todo… ¡tramos que nunca más me voy a olvidar!

¿A dónde fue a parar el 2002 con el que corrías?
Se lo vendí a Diego Arteaga. Él corrió un “19 Capitales” con él y el se lo vendió al “Caballo” Recalde. No recuerdo bien si para correr las “6 Horas” peruanas o “Caminos del Inca“. Lo llevaron a Argentina y de ahí a Perú y de ahí, nunca mas. Se le perdió el rastro porque creo que el “Caballo” Recalde nunca se lo pagó. Yo el auto lo cambié por fertilizante. Diego Arteaga no tenía plata y tenía fertilizante y bueno, hicimos negocio. El auto lo llevaron a correr y no corrió nunca. Nunca supimos si lo corrió o no. Creo que se fue con el motor Schnitzer, una caja de cambios especial que yo había traído y la dirección directa. No me quedé con nada del “Patón”. Sólo con una llanta y las fotos. Nada más.

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